viernes, 23 de octubre de 2009

42. Rumbo a Nueva York

Colgó el teléfono. No habría esperado aquella llamada. “Cuida de ella”. No había olvidado el día que la conoció, como sucedía en esas películas que no veía, en un avión con destino Nueva York. Por problemas de overbooking al embarcar, le cambiaron el pasaje a business, en lugar de turista, donde viajaba siempre. La Universidad no le hubiera pagado un billete de otro tipo. La azafata le indicó su sitio: en el lateral, colindante al pasillo central. El de la ventanilla habría sido demasiado pedir. La ocupante del preciado asiento miraba hacia fuera. Al sentarse él, se dio media vuelta. Le dedicó un “bon jour” y una sonrisa. Sus gustos en mujeres se inclinaban hacia las rubias de ojos claros, azules o verdes, pero algo en aquella sonrisa le cautivó al instante. Se ajustó el cinturón y se mentalizó para el despegue. No se acostumbraba a la velocidad que cogía el aparato, a la sensación de "saltar" al vacío. Una vez pasado el mal trago les ofrecieron una bebida y un aperitivo: ¡cocktail de gambas! No los cacahuetes a los que estaba acostumbrado. Su vecina agradeció a la auxiliar el singular refrigerio. ¿Cuántos años contaría? En apariencia apenas pasados los veinte.

Sus colegas de trabajo le definían como alguien reservado, una rata de laboratorio o de biblioteca. No solía entablar conversaciones con desconocidos, por más que esta vez no le hubiera importado hacer una excepción. Sacó uno de los últimos artículos que había publicado, motivo de su asistencia al congreso, y repasó los puntos de su exposición. La había preparado minuciosamente, pero prefería ocupar el tiempo en algo. La joven se absorbió a su vez en un libro y unos papeles. No pudo evitar observarla de reojo. Parecían notas. ¿Estaría estudiando? Intentó centrarse en la presentación que debía realizar, pero su mirada se escapaba furtiva de los documentos hacia ella. Un precioso perfil. Una oreja pequeña que recogía tras de sí mechones de un pelo negro y brillante. ¿Cómo sería sostener entre las manos aquella melena? Nariz recta. Ni corta, ni larga. Perfecta. Una boca... dibujada para besar. Ojos oscuros. Tanto... que apenas se distinguía el iris de la pupila. Enmarcados en unas pestañas larguísimas que, al igual que el resto de su rostro, no precisaban de maquillaje superfluo. Una belleza natural.

Volvió a su tarea. Inquieto, se rebulló en el asiento. Al parecer de forma bastante notable porque la chica levantó la vista de los folios y le preguntó, en un francés con ligero acento:
- ¿Incómodo?
- No. De hecho, creo que este es el viaje más confortable que haré nunca.
¿Cómo se le ocurría reconocer delante de una mujer que habitualmente volaba en una clase inferior? Había sido una clara equivocación. Sin embargo, ella se rió.
- A veces me pregunto si elegir business en los trayectos transoceánicos es un capricho o una necesidad.
Por lo visto viajaba a menudo.
- Lo que me angustia es el vuelo en sí, el avión. No puedo evitar estar nervioso.
Otro traspié más. ¿Se podía saber qué le pasaba aquella mañana?
- Las estadísticas indican que se trata del medio de transporte más seguro. - Objetó ella con fingida seriedad.
- ¿Qué sugieren sobre la tasa de supervivientes? - siguiendo la broma.
- Creo que no son muy halagüeñas a ese respecto.
- Me lo temía. - En este caso fue él quién exageró una cara de preocupación.
La respuesta fue una sonrisa, acompañada de un gesto complicidad, y el tópico:
- Tengo confianza en que hoy no sea el día del piloto.
- Yo también. - Sonriendo a su vez. La próxima vez no le importarían los problemas de overbooking.
Su interlocutora se interesó por su revista especializada.
- ¿Trabajo?
- Uno de esos tediosos congresos en el que todos los ponentes pretenden haber propuesto, o desarrollado, algún proyecto innovador. Yo incluido.
- ¿He de deducir que todos los participantes son pues unos pretenciosos?
- ¡Hum! No le faltaría parte de razón... - señaló sus hojas – a no ser, que me encuentre junto a otra ponente y esta acabe de ser la metedura de pata de la jornada.
Soltó una carcajada.
- No. Por esta vez, a salvo. Me quedo a nivel de estudiante.
- ¿Viaje de estudios?
- No, trabajo. Igualmente aburrido, pero muchísimo menos intelectual. - Le tendió la mano derecha. -Mi nombre es Carla.
Estrechó aquella mano de largos y aristocráticos dedos entre la suya.
- Jean.
En aquel momento les interrumpió la azafata, que distribuía la carta para que seleccionaran entre las opciones del catering. Bastaba una ojeada para comprobar que tenía poco que ver con el de la clase “económica”.
Ella dio buena cuenta de su plato. Extraño en las muchachas de su edad, que comían como pajaritos para mantener una figura escuálida. Incluso solicitó una ración extra de pan y de aquella “deliciosa” mantequilla. De haber sido un hombre, la auxiliar le hubiera ofrecido todo el preciado alimento disponible a bordo, aún a riesgo de privar de él al resto del pasaje.
Después de la comida su ocasional compañera de viaje se durmió y él acabó echando una cabezada. Le despertó la azafata: anunciaba que restaba poco para aterrizar y era necesario prepararse. No pudo evitar mirar con malos ojos a aquella, quizá otrora, empleada ejemplar, que no había hecho sino importunar durante todo el trayecto.

Tras el aterrizaje, la consecuente espera en la rueda de equipajes. Momento en el que uno observaba impaciente dar vueltas a los mismos bultos sin que la maleta propia apareciera. Surgía entonces la duda de si la susodicha habría desaparecido en alguno de los dos aeropuertos o se hallaría flotando en mitad del océano. De nuevo la casualidad hizo que el equipaje de ambos hiciera su salida casi a la par. Cada uno cogió el suyo. La ninfa le ofreció otra vez la mano, a modo de despedida, antes de dirigirse hacia la aduana:
- Un placer, Jean. Espero que el congreso no resulte demasiado monótono.
- Gracias, pero me temo que eso será del todo imposible. - Desde luego difícilmente podría compararse al viaje.

Esperó al que debía haber sido su verdadero compañero: su amigo Santi. Hijo de inmigrantes españoles. Expresivo y vehemente cuando la oportunidad se terciaba:
- ¡Maldito seas! ¡Es la última vez que embarco el primero!
- Lo siento. No elegí que me adjudicaran plaza en business.
- No, pero ya veo que la has disfrutado a conciencia. - Aludiendo, con un movimiento de cabeza, a la joven que se alejaba.
- Ocupaba el asiento de al lado. Una mujer encantadora.
- ¡No me lo puedo creer! ¿En serio no sabes con quién charlabas? De forma bastante amigable, a juzgar por las apariencias.
- No.
- ¿En qué mundo vives en los últimos tiempos?
Entre sus investigaciones, sus clases...
- ¡Carla Marin! - Ante su cara de alelado - ¡Por dios! Hay fotos suyas en cualquier quiosco de París. ¿Te pones orejeras cuando vas a comprar el periódico?
No distaba mucho de la realidad. Iba directo a su diario habitual, sin curiosear las primeras planas del resto de prensa. El rancio hombrecillo que regentaba el puesto no daba pie alguno para ello.
- ¿Actriz?
- ¡Modelo! Hazte un favor, deja tus libros o, visto lo visto, acabarás como Don Quijote.
Santi exageraba. No siempre había sido así. En no pocas ocasiones habían terminado los encuentros académicos probando alguna cama del lugar. De hecho, su camarada se quejaba amargamente de que él, con sus ojos azules, su pelo panocha y su cara de niño bueno, se las llevaba de calle. De un año a esta parte, todos sus esfuerzos se centraban en conseguir la ansiada plaza en el cuerpo de profesores universitarios. Desde ese punto de vista, sí, vivía en otro mundo.
Miró hacia la puerta por donde ella había desaparecido. ¿Qué oportunidad cabía de volver a encontrarse con una conocida modelo? Ninguna.

La alarma de su móvil le devolvió al presente. Le advertía que sólo restaba media hora para la conferencia.

viernes, 16 de octubre de 2009

Nada mejor

Buenas tardes,

¿Cómo estáis?

Hoy os escribo de día, para variar un poco. Siento no extenderme mucho, como suele ocurrir últimamente. Sólo os dejo una canción que escucho a menudo durante los atascos mañaneros. Lo único que los ameniza: la música.

En esta ocasión se trata de Revolver: El roce de tu piel. Y es que, como reza la canción, no hay droga más dura que el amor sin medida, nada mejor que el sabor de la persona amada.

Buen fin de semana a todas.





El roce de tu piel
Revolver

Un vaso de whisky,
un hotel diferente,
es más que suficiente
para pensar en tí.

Una noche de mayo
con el mar a mi lado,
es ya tarde y tus ojos
siguen allí.

Y es que son ideales
para perderse en ellos,
y es que uno no aprende
ni vivo ni muerto.

Son las seis de la tarde,
toco enfrente del puerto,
no consigo sacarte de mí
ni olvidarme de tí.

Y es que no hay droga más dura
que el amor sin medida.
Y es que no hay droga más dura
que el roce de tu piel.
Y es que no hay nada mejor
que tener tu sabor
corriendo por mis venas;
y es que no hay nada mejor
que el roce de tu piel.

Y me siento desnudo enfrente del espejo
esperando que tú me digas el precio.
No tengo muy claro si lo puedo pagar;
recojo mis cosas, nena, vuelvo a mi hogar.

Nuestros corazones laten a la vez,
¿quién soy yo sin tí, quién eres tú, quién?
El ritmo de la noche viste mi canción.
Mejor cojo mis cosas, nena; mejor me voy.

Y es que no hay droga más dura
que el amor sin medida.
Y es que no hay droga más dura
que el roce de tu piel.
Y es que no hay nada mejor
que tener tu sabor
corriendo por mis venas;
nada mejor
que el roce de tu piel.

Hoy lucho y pierdo el sentido
por dormir esta noche en tus brazos.
Hoy se perdió el equilibrio
y la balanza cayó
de tu lado, mi amor.
(bis)

Y es que no hay droga más dura
que el amor sin medida.
Y es que no hay droga más dura
que el roce de tu piel.
Y es que no hay nada mejor
que tener tu sabor
corriendo por mis venas;
nada mejor...

Y es que no hay droga más dura
que el amor sin medida,
que el amor sin medida.
Y es que no hay droga más dura
que el roce de tu piel.
que el roce de tu piel.
Y es que no hay nada mejor
que tener tu sabor
corriendo por mis venas;
nada mejor...

sábado, 10 de octubre de 2009

Decorando "mi casa"

Buenas noches a todas,

Me he decidido a coger el portátil, a las acostumbradas horas intempestivas, con la intención de continuar el capítulo que inicié hace ya muchos meses. Sin embargo, mi ánimo parece ser otro. Lo que me apetece es decorar un poco mi casa, a la que hace mucho que no presto atención. ¿A estas horas?, pensaréis vosotras. Sí, las que tengo. Pero el hogar al que me refiero no es sino el que veis. Elvira me comentó una vez que su blog era como una segunda casa y deseaba poner en ella las cosas que le gustaban. Me identifiqué de inmediato con la idea. De hecho he sido pesada hasta la saciedad con mis gustos musicales, con Gilda... Creo que la música que escuchamos habla mucho de nosotros y eso es lo que os dejo hoy: un poco de música.

En primer lugar un par de canciones de un grupo que no conocía: Efecto Mariposa, que he escuchado en la radio, durante los temidos atascos.


No me crees
Con el cantante de Danza Invisible, un grupo de "mis tiempos".




Por quererte



Para acabar, un poco de lo que, algunos, llamarían música "negra".


Fallen
En las voces de Randy Crawford y Soledad de Presuntos Implicados. Siempre me pareció que esta última tenía una voz fantástica, preciosa, todo lo preciosa que no es su físico.




Me and Mrs Jones
Billy Paul




Si me lo permitís, abandono la decoración por esta noche. En otro momento continuaré con algún retazo de película.

Dulces sueños.

jueves, 1 de octubre de 2009

Para mi niño

Buenas noches,

¿Cómo estáis?

Abandonadas, abandonadas os tengo, que no olvidadas. Pero, como acabo de comentarle a Elena en un correo hace unos minutos, mi vida no me deja tiempo para nada. También le decía que me iba a la camita a dormir porque mañana me tocaba despertador a horas intempestivas y atasco, pero aquí me veis, o mejor dicho, me leéis. Y es que, no puedo menos que dejaros a Carmen, la de Bizet, en la voz de Maria Callas. Parece que mi pequeño ha heredado de su madre el gusto por esta pieza de música. Al menos la ha oído en un anuncio en la tele y cada vez que lo escucha pregunta por ella.

Prometo buscar la letra en otro momento y ponerla.

Habanera de Carmen



Besos para todas.

PD: No he olvidado el fucsia, incluso tengo un capítulo iniciado y otros escritos, pero la falta de tiempo no me deja. En cuanto pueda continúo.


Lo prometido es deuda:

Carmen, Habanera

L’amour est un oiseau rebelle
Que nul ne peut apprivoiser,
Et c’est bien en vain qu’on l’appelle,
S’il lui convient de refuser.
Rien n’y fait, menace ou prière,
L’un parle bien, l’autre se tait;
Et c’est l’autre que je préfère
Il n’a rien dit; mais il me plaît.
L’amour! l’amour! l’amour! l’amour!

L’amour est enfant de bohème,
Il n’a jamais, jamais connu de loi,
Si tu ne m’aime pas, je t’aime,
Si je t’aime, prend garde à toi!
Si tu ne m’aime pas,
Si tu ne m’aime pas, je t’aime!
Mais, si je t’aime,
Si je t’aime, prend garde à toi!
Si tu ne m’aime pas,
Si tu ne m’aime pas, je t’aime!
Mais, si je t’aime,
Si je t’aime, prend garde à toi!

L’oiseau que tu croyais surprendre
Battit de l’aile et s’envola;
L’amour est loin, tu peux l’attendre;
Tu ne l’attend plus, il est là!
Tout autour de toi vite, vite,
Il vient, s’en va, puis il revient!
Tu crois le tenir, il t’évite;
Tu crois l’éviter, il te tient!
L’amour, l’amour, l’amour, l’amour!

L’amour est enfant de bohème,
Il n’a jamais, jamais connu de loi,
Si tu ne m’aime pas, je t’aime,
Si je t’aime, prend garde à toi!
Si tu ne m’aime pas, je t’aime,
Si je t’aime, prend garde à toi!
Si tu ne m’aime pas,
Si tu ne m’aime pas, je t’aime!
Mais, si je t’aime,
Si je t’aime, prend garde à toi!
Si tu ne m’aime pas,
Si tu ne m’aime pas, je t’aime!
Mais, si je t’aime,
Si je t’aime, prend garde à toi!

domingo, 9 de agosto de 2009

41. ¡En Francia!

No paraba de darle vueltas. Su hermana se había apresurado en satisfacer su curiosidad sin brindarle la oportunidad de exponerla siquiera. Era obvio que deseaba desviar su atención de aquella hoja. En el intento había logrado justo lo contrario. El mapa, marcado en varios puntos, contaba pues con una insospechada importancia. ¿Desde cuando sus preferencias se decantaban por el norte de Francia en lugar de por su adorada Costa Azul? ¿Podía una población cualquiera atraer a una enamorada del lujo, el sol y la playa? Quizás era cierto que planeaba un viaje, pero dudaba que éste tuviera relación con unas vacaciones. ¿Cúal podría ser el motivo para pretender disfrazarlo? ¿Tal vez el paradero de Carla? Sandra aseguraba desconocerlo, pero era obstinada. Carácter de la familia. Posiblemente habría obtenido algún indicio en la llamada de días atrás, momento que su hermano eligió para iniciarse en el “lanzamiento de móvil”, y no pararía hasta localizarla. Era indudable que sabía algo.

Diego tenía derecho a conocer a su hija. Sandra no tenía excusa para negarle dónde se hallaba la madre. Entendía que su intención era proteger a su amiga. Alguien con quien jamás tuvo mucho trato. Sin embargo, no creía que el bebé fuera lo único que le importara a su hermano. No lo veía volando todos los fines de semana para encontrarse con una mujer por un flirteo pasajero. Tras su regreso a la revista se había encerrado aún más en sí mismo. Rehuía todo contacto humano. De hecho, en las últimas semanas sus ojos desprendían fuego.

Estaba decidida. Hablaría con ella. A la puerta de la sala acristalada, la observó colgar el teléfono con expresión de resolución. Golpeó la puerta con los nudillos. Ella dirigió su mirada hacia afuera con sorpresa, casi sobresalto. Entró sin darle tiempo para reaccionar.
- Caye, ¿algún otro problema con los temas de ayer?
- No. En esta ocasión es otro asunto el que deseo tratar contigo.
- Tú dirás - mientras se rebullía en su sillón con un gesto de incomodidad.
- Nuestra futura sobrina - respondió, resuelta a saltarse los rodeos.
La reacción inmediata a sus palabras fue un respingo.
- Carla no ha vuelto a contactar conmigo...
- Sandra – la interrumpió – soy tu hermana. Te conozco. Me extrañó que ofrecieras el puesto a Diego a sabiendas de lo que ello podría traer consigo. Ahora comprendo porqué: le querías cerca. No te ibas a quedar con los brazos cruzados ante una situación que te atañe por partida doble.
Casi en un suspiro, echándose hacia atrás:
- No.
- Y aseguraría que habrás empleado alguno de tus métodos para descubrir el lugar en el que ella se encuentra.
- ¿Qué te hace pensar eso?
- ¿Qué haría una sibarita como tú en una ciudad perdida del norte francés?
- Touché!
- ¿No crees que Diego tiene derecho a enterarse?
- Derecho sí, que sea o no pertinente, es otra cuestión.
- ¿A qué te refieres?
- El dónde no es lo único que acabo de confirmar. No lo ha pasado bien. Necesita tranquilidad y, en estos momentos, nuestro hermano parece un tigre enjaulado dispuesto a saltar.
- No fue un mero escarceo, ¿verdad?
- No, no lo fue. Sospecho que por esa misma razón no le perdona que haya desaparecido, ocultándole que van a tener un hijo. Me figuro que ahora priman la ira, el rencor, sobre los sentimientos que pudo albergar hacia ella.


Entró al edificio de no muy buen humor. Venía de una presentación. Una a la cual no deseaba acudir, y cuya invitación cedió a su hermana, sugiriéndo que era un evento propio de su cargo, que, a decir verdad, aún no sabía cuál era. Pero Sandra, que siempre mostraba un especial interés en recordarle que mantenía el control mayoritario de las acciones y, por tanto, su asistencia a cualquier encuentro era pues obligada y pertinente, se había excusado. Más bien se había negado en rotundo, alegando tener atrasada la lectura de la variedad de informes y estudios con los que él se encargaba de inundarle el despacho. Para colmo añadió que esperaba que no precisara de una niñera para representar de forma adecuada a la revista. Tentado estaba de dejarles a su libre albedrío, a ver si eran capaces de salir de la situación en la que se habían metido. Dedicarse en exclusiva a sus negocios, sus inversiones...

La Blackberry le indicó la llegada de un nuevo mensaje. Un e-mail de Andrea con los datos que le había solicitado por la mañana. Se había traído a su ayudante personal. Alguien eficiente. No como parte del personal que pululaba por allí. Para muestra su sobrina postiza, que andaba dándole palique a un par de adictas a los cotilleos. Se habían equivocado de editorial. Eran idóneas para una de prensa rosa, no para una que pretendiera seriedad en sus publicaciones. ¿Por qué su hermana no aprovechaba su dinero para enviar a aquella jovencita a alguna universidad del pimpampum de las que tanto abundaban últimamente? Al menos estaría ocupada. De camino al ascensor no pudo sino escuchar parte de la charla:

- Me he tirado horas pegada a la pantalla. He tenido que localizar a cierto jefazo de una universidad.
- ¿Has decidido continuar tus estudios? Tu madre estará contenta.

Su hermana, al fin, había decidido hacer algo sensato. Pulsó el botón de llamada y esperó impaciente mientras la tertulia seguía a sus espaldas, a escasos dos metros de él.

- Teniendo en cuenta que era ella la que estaba como loca por hablar con él...
- Estará haciendo uso de sus contactos para conseguirte un buen trato.
- Si piensa que va a deshacerse de mí mandándome al extranjero, va lista.

Sandra se había cansado de su papel de madre adoptiva. Tenía que llegar.

- Aunque me parece que se trata de un viejo lío de juventud.
- ¡Sandra con un profesor universitario! Pensaba que le iban más los cuerpos de gimnasio.

No podía sino asentir. Las predilecciones de su hermana se dirimían por el aspecto, no por el cerebro, del sujeto en cuestión. ¿Por qué tardaba tanto aquel maldito ascensor? ¿Cuánto tiempo llevaba recorrer cinco plantas? Las cotorras seguían sin inmutarse lo más mínimo.

- A lo mejor el hombre en su época estaba cañón. – Alegó la primera.
- Pues te aseguro que en la actualidad estará calvo, con gafas y una tripa de consideración. - Respondió la segunda.
- ¡Cómo eres! - Le reprochó la otra.
- Sí, sí. Ellos se creen que inmunes al paso del tiempo, pero te aseguro que envejecen más y peor que nosotras.
- ¿Lo dices por ti?
- Oye bonita, yo estoy estupenda. ¡Divina!
- No hay más que verte.

Lo que le faltaba: pelea en el gallinero. Dudaba entre darse la vuelta y llamarlas al orden, o mandarlas directamente al paro, cuando la puerta del ascensor se abrió. Su sobrina, que había permanecido muda ante las últimas apreciaciones, le tomó la delantera e impuso paz:

- ¡Chis! Bajad la voz. ¿Queréis que se enteren todos?

Imaginó hacia quién se dirigieron sus miradas. Dio un paso al frente deseando llegar cuanto antes a su despacho. Hasta él llegaron las últimas palabras de Paula:

- Sea como sea, prefiere que no se sepa...

La puerta se cerró. ¿Desde cuando era Sandra discreta en lo que a hombres se refería? Siempre había hecho alarde de su fortuna... y de sus muchos amantes. Seguramente se trataba de un hombre casado.

Dejó el maletín sobre su escritorio. No se quitaba a las chismosas de la cabeza. No, si el foco era Sandra. Profesor, extranjero, ¿secreto?... No cuadraba. ¿Cómo la llamada del supuesto fontanero? Salió en su busca. La encontró en su despacho, con Cayetana. Por su semblante dedujo que el tema de conversación era importante. ¿Referente a la empresa? ¿O quizá le revelaba lo que a él le estaba vedado? Decidió salir de dudas. Empujó la puerta sin llamar, olvidando toda norma de urbanidad, a tiempo para oír decir a la benjamina:
- ... considero que debe saberlo...
Corroboraba en parte sus sospechas.
- ¿Interrumpo?
Cayetana se giró hacia él. Sandra, seca, sólo le preguntó:
- ¿Qué quieres Diego?
- Sumarme a la reunión familiar. ¿Acaso no soy bienvenido?

Se sentó comodamente en la silla libre, cruzando una pierna sobre la otra, sin que ninguna de las dos dijera nada.
- ¡Vaya! Yo creía haber llegado en plena confidencia... y resulta que se os ha comido la lengua el gato.
Sandra parecía atravesarlo con la vista. Cayetana, en cuya opinión aquella no era la mejor manera de abordar un asunto tan delicado, intentó mediar:
- ¿Te tomas un café conmigo? Sandra y yo ya habíamos acabado.
- Mejor, mucho mejor. Así nuestra hermana mayor y yo podemos continuar cierta conversación pendiente.
- Diego, no es el momento. - Subrayó Cayetana. - Tomemos ese café.
- Es el momento idóneo. ¿No considerarías injusto que compartiera cierta información con otras personas y no con el principal y único interesado?
- Diego... - volvió a repetir ella.
Sandra intervino:
- No te preocupes, Caye. Déjanos.
- ¿Estás segura?
- Sí. Esto debemos resolverlo los dos.
Diego observó como la pequeña abandonaba el despacho. Se quedó frente a la promogénita.
- ¿Y bien? - le interrogó ella.
- Me temo que esa pregunta debería hacerla yo.
A pesar de todo, no parecía dispuesta a soltar prenda. Tendría que insistir.
- ¿Vas a decirme dónde se encuentra?
- ¿Dónde? ¿No te interesa sabér cómo?
- Estoy teniendo mucha paciencia contigo, hermanita. ¿Dónde se ha escondido?
- ¿Escondido? Se ha alejado de ti que, sinceramente, es lo que debería haber hecho desde un principio.
- No pretendo escuchar tus juicios, sólo saber dónde está.
- ¿Para qué quieres saberlo?
- Va a tener una hija mía.
- Hace poco lo dudabas.
En ese punto su hermano perdió parte de su, al menos aparente, calma.
- ¡Es mía! - No podía serlo de nadie más. - Mía... tanto como suya...
- Tú nunca has deseado tener hijos. ¿Por qué te interesa esa niña?
Él lanzó lo que podría considerarse un rugido:
- ¿Qué tipo de desnaturalizado piensas que soy? ¿Me crees de esos que van dejando hijos por el mundo sin importarles nada?

Ni siquiera a día de hoy era capaz de admitir que el bebé no era lo único que quería recuperar. Tal vez necesitara un empujoncito. Se levantó del sillón. Dio la vuelta a la mesa y se sentó en el borde, junto a la silla que instantes atrás había ocupado Cayetana:
- Si te diera a elegir entre ellas y Bulevar, ¿con qué te quedarías?
- ¿Qué intentas? ¿”Venderme” la información?
- Tú solo responde. ¿Carla y tu hija? ¿O la revista?
Los ojos de su hermano habían lanzado una llamarada con solo oír su nombre. Su boca no se abrió. Estaba lidiando una batalla. Sólo sus facciones mostraban la lucha interior. Se aferraba a ese bebé, aún no nacido, para justificarse a sí mismo buscarla con ahínco, anhelar que regresara a su lado. El hombre que se había esmerado toda su vida en no mostrar a los demás que tenía sentimientos, no podía reconocer que los tenía y que estos, además, eran capaces de ganar a sus intereses.
- Sabes que tarde o temprano lo averiguaría. - Fue lo único que obtuvo de él.
- Más tarde que temprano. - Volvió a ocupar su sillón. - ¿Qué harías si te dijera cómo encontrarla?
De nuevo otra mirada como respuesta.
- No se encuentra bien, Diego. - Jean podría haberle dulcificado la situación para tranquilizarla.
- ¿Dónde? - Con un tono de voz muy bajo, que hacía parecer la pregunta una súplica. No una exigencia como las anteriores.
Observó al hombre altivo, a su hermano el orgulloso, cómo, con una involuntaria expresión de dolor y los ojos cerrados, practicamente le rogaba, de la única forma que sabía, que le dijera el paradero de la madre de su hija, de la mujer a la que, a pesar de no reconocerlo, amaba. Cayetana estaba en lo cierto. Diego quería conocer a su hija. Sólo esperaba no arrepentirse.
- En Francia.

¡Francia! Él la buscaba en Italia. Su hermana le había acusado en repetidas ocasiones de no conocerla. Conocía... cada recoveco, cada centímetro de su piel. Sin embargo, apenas nada de su pasado. Salvo su faceta de modelo. Había decidido pues “conocerla” para poder dar con ella. Por algún motivo recordó a Carla moviéndose en Roma como pez en el agua. Su impecable italiano. El recibimiento del anciano dueño de aquel diminuto restaurante. La había llamado “bellissima ragazza”. Era evidente que era cliente desde hacía mucho. El trato fue absolutamente preferente cuando la “ragazza” se rió al revelar ser un año más vieja. Y, sobretodo, aquella sonrisa de bruja al señalar que aún guardaba algún pequeño secreto. Tras indagar, averiguó el misterio: era medio italiana. Hija única, sus padres murieron en un accidente de aviación siendo ella muy pequeña. La crió su abuela, originaria de la Ciudad Eterna y traductora de italiano. No era de asombrar su dominio de la lengua: disponía en casa de la mejor profesora.

Al parecer su antecesora enfermó, a la par que ella empezaba su carrera sobre la pasarela, para perecer poco después. La investigación también había servido para darse cuenta de que Sandra no era en modo alguno la inconsciente que todos habían creído. Fue tras morir la abuela de Carla cuando ella la invitó por primera vez a pasar unos días en la finca de Cantabria. Su hermana, quien parecía no preocuparse por nadie que no fuera ella misma, procuró arroparla ante la pérdida de su única familia. La amistad entre ambas iba más allá de unas meras noches de fiesta, como él había supuesto. Ahora intentaba protegerla de él, de su hermano. La anteponía a su propia sangre y, en cierto modo, dolía...

Después de sus descubrimientos pensó que tal vez poseería alguna vivienda en Italia o conservaría algún allegado. Decidió buscarla allí... erróneamente.

Levantó la vista. Sandra, que había permanecido en silencio, estudiando cada reacción suya, comprendió perfectamente lo que le pedía: más detalles.
- ¿Debo fiarme de ti, Diego? ¿Puedo confiar en que, por una vez en tu vida, harás lo correcto?
Movió la cabeza de forma afirmativa.
- Espero no tener que lamentarlo. - Grave – Lille.

¡Lille! ¿Dónde diablos estaba eso?

miércoles, 6 de mayo de 2009

Gracias a la presión popular...

La SGAE devolverá a la familia del pequeño el dinero. Todo gracias al escándalo, y con razón, que se ha organizado al respecto. Os dejo un enlace a la noticia, que procedo a resumir brevemente:


La SGAE no admite haber obrado mal, en todo momento actuaron con la ley en la mano. Los progenitores deberían haberles informado con antelación para haber organizado todo de forma que no les hubiera reclamado un adelanto sobre lo que estimaban se iba a recaudar. No comunican devolver el dinero, sino hacer un donativo, una aportación voluntaria a la familia, por el importe que en total obtuvieron en concepto de derechos de autor.

Sí, habéis leído bien. Pidieron el dinero por adelantado a la celebración del concierto a unos padres desesperados por conseguir dinero para salvar la vida de su hijo. Para más inri, no devuelven el dinero, sino que hacen un donativo. La diferencia podría tener su origen en motivos fiscales: una donación desgrava al fisco. De este modo preveo que dejarán de abonar una buena cantidad de impuestos a Hacienda.

En cualquier caso, leed y juzgan por vosotras mismas. Yo me alegro de que el pequeño pueda contar con ese dinero para su tratamiento, pero la Sociedad ha demostrado, una vez más, su... iba a decir calaña, pero lo dejaremos en espíritu.

Un beso para todas.

martes, 5 de mayo de 2009

Marcando un precio

¿Cuánto vale la vida de un niño? Yo no podría responder. Para mí la de mi hijo no tiene precio. La vida de un niño, aunque no sea nada nuestro, nos toca especialmente. Sin embargo, para la SGAE, esa organización que casi podría denominarse de espíritu pseudomafioso, por sus tasas, sus cánones y sus impuestos, para ella, la vida de un infante sí lo tiene: el 10% de lo recaudado para salvársela.

Todos los días me despierta la radio con noticias nada halagüeñas: la crisis, el número de parados en alza, el aumento de casos de gripe A, nueva gripe, o quieran denominarla... y, en esta ocasión, ha sido ésta la primera que he escuchado al volver a la consciencia tras el sueño. Un conocido cantante, David Bisbal, ofreció un recital, de forma gratuita, para recaudar fondos para salvarle la vida a un pequeño. No se mencionaba la enfermedad en particular de la cual se encuentra aquejado. La SGAE tuvo a bien reclamar el 10% de lo obtenido en conceptos de derechos de autor. El artista fue altruista, solidario. A la Sociedad no le pareció adecuado sumarse a su actitud.

No es la primera noticia de ese tipo que oigo. Hace un par de años, tal vez tres, que el tiempo pasa volando y uno no se entera, aplicaron otro de sus cánones a un niño con cierto grado de discapacidad, si la memoria no me falla, que utilizaba música en sus actuaciones de magia. Actuaciones infantiles, no olvidemos, de un chiquillo para el cual no sólo serían una distracción, una afición, sino tal vez también una forma de rehabilitación.

Todo ello me hace pensar que para ellos no hay un límite. La duda que me entra es si los autores, esos cuyos derechos insisten defender, reciben algo de lo recaudado, o si la organización paga impuestos al estado. Si alguna de vosotras está más enterada os ruego que me informéis al respecto.

Un saludo.



PD: Espero que todo os vaya muy bien. Lamento tener el blog abandonado, pero temas diversos me han mantenido alejada del teclado. Esto lo he escrito de forma atropellada y a todo correr. Prometo volver pronto con historias, comentarios, música y, quizá, algún variado desvarío. Me acuerdo mucho de vosotras.

Gracias por vuestra compañía.