Ya he compartido con vosotras en otra ocasión a la maravillosa Rita interpretando a, la no menos fabulosa, Gilda. Me gusta Gilda, entiendo que fascinara a una generación, incluso aunque la voz del famoso "Put the blame on mame" no fuera la de ella. Ni siquiera en el trozo que os dejo en esta ocasión. Sin streaptease, pero no por ello menos digna de ser vista.
Por Rita, para que, allí donde quiera que esté, se haya librado de la maldición de Gilda.
PUT THE BLAME ON MAME From the film "Gilda" (1946) Anita Ellis (Film Soundtrack) - 1946
When Mrs. O'Leary's cow Kicked the lantern in Chicago town They say that started the fire That burned Chicago down That's the story that went around But here's the real low-down Put the blame on Mame, boys Put the blame on Mame Mame kissed a buyer from out of town That kiss burned Chicago down So you can put the blame on Mame, boys Put the blame on Mame
Remember the blizzard, back in Manhattan In eighteen-eighty-six They say that traffic was tied up And folks were in a fix That's the story that went around But here's the real low-down Put the blame on Mame, boys Put the blame on Mame Mame gave a chump such an ice-cold "No" For seven days they shovelled snow So you can put the blame on Mame, boys Put the blame on Mame
Besos
PD: He reeditado esta entrada en respuesta al comentario de Elvira. Se rumoreó que la voz de esta parte de la canción era la de ella, y al parecer así lo defendió Rita Hayworth en sus últimos días. Sin embargo, creo que eso se desmintió por parte de los estudios. Aquí, como en las otras dos, la dobló Anita Ellis. Se trataba de algo común porque, según he averiguado, también doblaron a Ava Gardner en Show Boat, la cual no he visto, por muchos esfuerzos que hizo Ava en cantar con su propia voz.
En cuanto a la canción, es parte primordial de la película. Es la que tararea Gilda en su primera aparición, cuando levanta la cabeza con la melena al vuelo (os la dejé en "Noche de Reyes", gracias a youtube y los que allí comparten cosas). Sin embargo, para mi decepción, he visto un trozo de película doblada en el que Gilda tararea otra. Un error en mi opinión.
Aquí, con Gilda triste, vulnerable, sin máscara, es otra pieza fundamental. Para rematar con ella de auténtico sex-symbol, según se comenta, borracha, vengándose del hombre que ama y que tanto daño le está haciendo.
Dejo una nueva etiqueta, Gilda, por si queréis visionar las otras partes. El otro tema, Amado mío, no me llama tanto la atención como este, pero supongo que también acabaré dejándolo.
Me hace gracia que Malagueña mencionara anoche a Miguel Bosé, puesto que esta madrugada dejé el esqueleto de la presente en borrador. Se trata de una canción del mencionado cantante que escuché el otro día en una tienda. Es un ejemplo más del conocido "renovarse o morir" y está claro que él, que ha sabido ir evolucionando con el tiempo, se encuentra entre los primeros.
Se trata de la canción "Morena mía". Me llamó la atención porque días antes os había dejado la de "Labios compartidos" y encontré alguna pequeña similitud, tal vez imperceptible para algunos, entre ambas. Miguel empieza cantando "morena mía", dos simples palabras que encierran mucho: es su morena, su amor pero sin llamarla como tal. Equivale al "amor mío" con el que comenzaba Maná. Menos "dulzón", pero con la misma intención y, a mis oídos, con mayor encanto. Eso sí, parece que, a pesar de compartir al ser amado en ambas, en esta prima la fortuna en lugar de la desdicha como en la anterior.
Pero lo que me gusta de esta es el estribillo: su boca, su boca es la que le compensa por todo. Eso y que con ella disfruta, no solo en la cama, sino también de los detalles más insignificantes: nadie como ella le sabe hacer café. En ambas historias ellos se pierden por una boca. Romántico y, conociendo a los hombres, me temo que un tanto irreal. Yo optaré por quedarme con el lado fucsia. No tengo remedio, lo reconozco.
Espero que disfrutéis con la música.
Besos
Morena mía
Morena mía
Morena mía Voy a contarte hasta diez Uno es el sol que te alumbra Dos tus piernas que mandan Somos tres en tu cama, tres
Morena mía El cuarto viene después Cinco tus continentes Seis las medias faenas de mis medios calientes Sigo contando ahorita Bien, bien, bien, bien
Morena mía Siete son los pecados cometidos Suman ocho conmigo Nueve los que te cobro Mas de diez he sentido
Y por mi parte sobra darte lo que me das Dámelo bien Un poco aquí, un poco a quién
Cuando tu boca me toca Me pone y me provoca Me muerde y me destroza Toda siempre es poca Y muévete bien, que nadie como tú me sabe hacer café
Morena agarra, y me mata Me mata y me remata Vamos al infierno Porque no sea eterno, suave bien, bien Que nadie como tú me sabe hacer café
Pero cuando tu boca, me toca Me pone, me provoca Me muerde y me destroza toda siempre es poca Y muévete bien, bien, bien Que nadie como tú me sabe hacer, uh, café Bien, bien, bien, bien Bien, bien, bien, bien
Morena mía Si esto no es felicidad Que baje dios y lo vea Y aunque no se lo crea Esto es gloria
Y por mi parte pongo el arte lo que me das dámelo cuídalo bien un poco así, un poco a quien.
Vuelvo a teneros un poco abandonadas, pero mi vida de mujer moderna me tiene consumida, como se suele decir. No tengo tiempo de nada.
El motivo de la presente es contestar a un comentario de Malagueña a mi entrada anterior, la de la canción "Para que no llores así". Respeto que no le guste la canción. Cada cual tenemos gustos propios, es parte de nuestra forma de ser, de nosotros. Pero difiero en que Alejandro Sanz siga en la cresta de la ola por su voz. Creo que ahí entra en juego el maravilloso mundo del marketing. No tengo formación en dicho campo, sin embargo, creo que mi espíritu, ligeramente crítico y curiosón, me permite opinar al respecto. La publicidad nos hace esperar maravillas de algunos productos o, en otros casos, desistir de su compra. Pongo algunos ejemplos personales: me negué a utilizar el champú "orgásmico" por su anuncio un tanto denigrante. O a punto estuve de cambiar mi marca habitual de compresas porque su publicidad me parece una burla. Probé otra marca que me prometía un minuto de investigación contra el cáncer de mamá y si, muy a mi pesar, volví a la de siempre fue por la calidad que me ofrecen. De no haber sido por ello seguiría con la alternativa. En un caso la publicidad me espantó, en la otra me atrajo. Ganas me entran de escribir una cartita o un mail a los directivos de cierta empresa, hombres deduzco, para que reconsideren las ingentes sumas que deben de emplear en algo que no sirve sino para molestar a sus compradoras.
Perdonad mi tendencia a irme por los cerros de Úbeda. Os hablaba del marketing aplicado al mundo de la música. Todos reconocen a Madonna como la reina del pop. Madonna, con sus canciones, sus múltiples cambios de aspecto, sus escándalos, lleva muchos años en lo más alto. Dicen que lo difícil no es la llegada a la cima, si no mantenerse en ella. Madonna no sería hoy quien es si, además de la reina del pop, no fuera la del marketing, la que se reinventa a sí misma cada poco.
Un caso más cercano: Hombres G, grupo famoso en mis años muy mozos. El cantante no cantaba, los músicos no tocaban, pero las ventas de sus discos, en los tiempos sin internet, eran millonarias. ¿Habrían tenido tanta fama de no ser porque el padre y el tío de uno de ellos estaban relacionados con el mundo del cine y la televisión? Sinceramente, no lo creo. El caso es que han vuelto, pero la voz no ha mejorado con los años.
¿Qué tiene todo esto que ver aplicado a Alejandro Sanz? Pienso que la forma de llevar su carrera tiene mucho más que ver con su éxito que sus habilidades como cantante (estoy segura de que en los estudios de grabación se pueden hacer maravillas, sino que se lo cuenten a cierta princesa monagesca por los años 80). ¿Qué habría sido de este hombre, y de otros muchos, sin las quinceañeras? Tiene alguna canción que no me disgusta: Corazón Partío, Alma al aire, la que os dejé, pero sigo pensando que no canta. Como tampoco lo hacía Saritísima y hubo una época en que todos suspiraban por verla. Opino que Alejandro no canta si le comparo con otras voces: George Michael, Freddy Mercury, Soledad (de Presuntos Implicados). Aunque tampoco lo ha hecho nunca Sabina y ni falta que le ha hecho.
En fin, puede que mi opinión se encuentre algo sesgada por no hallarse entre mis cantantes predilectos, pero ahí queda. En cualquier caso, respeto a quien tenga una contraria.
Os dejo, a ver si duermo algo que mañana toca madrugada.
Os dejo de nuevo una canción, en esta ocasión en las voces de Antonio Carmona y Alejandro Sanz. El primero no me emociona y, en mi modesta opinión, el segundo no canta, no tiene voz para ello, pero, aun así, la canción me gusta.
Dulces sueños.
Para que tú no llores
Se fue con las arenas del mar Buscando su destino, Palpito entre las sombras sin más Y nado en el vacío.
Reina el silencio en este oscuro lugar Nada es eterno todo llega al final. Tan solo sé que busqué y que busqué Lo que este mundo me duele y me da.
Para que tu no llores así No pierdas la esperanza Sé que llegará, llegará. (Bis)
Me muevo con la gente que va Cargada de recuerdos. Confío en la persona que da Su amor sin conocerlo. Aún queda tiempo para echarnos a andar, No me preocupa si te encuentro al final, Tan solo sé que busqué y que busqué Lo que este mundo me duele y me da.
Para que tu no llores así No pierdas la esperanza Se qué llegará, llegará. (x 4)
Me he decidido a hacer una segunda parte de la entrada anterior para puntualizar algunos aspectos, dado que me temo que me expliqué fatal, como siempre.
Como bien indicaba Avenoc, a mí también me cuesta concebir el sexo sin nada especial detrás. Es un acto tan íntimo, en el que se entrega y se recibe tanto, y no me refiero sólo a lo físico, sino al plano de los sentimientos, que no entiendo cómo hay personas capaces de encuentros por un mero rato de diversión. Y en el amor... juegan un papel esencial los besos. Siendo cursi en grado sumo, permitidme la licencia, diría que los besos son al amor... lo que la sal a la vida, lo que el sol a una planta, lo que el agua a una flor. Creo que hay pocas cosas más gratas en esta vida que un abrazo, un beso, una caricia. Y no me refiero sólo a los amantes, incluyo también a padres e hijos, a abuelos y nietos... Los achuchones que me da mi niño me saben a gloria bendita, a néctar de dioses, a maná en el desierto.
Y hablando de maná, quisiera referirme a la canción que os dejé el otro día, "Labios compartidos", explicaros porqué me llamó tanto la atención. Antes de nada, aclarar que sentiría lástima por la persona en esta situación, aunque lo cierto es que me resulta difícil imaginar a un hombre en ella. Volviendo a la letra, lo que me cautivó fue el que él no se refiere tanto a su cuerpo como a sus labios, a sus besos, que no quiere, ni puede, compartir. Es la boca de ella la que le lleva a la perdición. Es su propia boca la que está ansiosa por el suave roce de los labios amados, por el sabor de esa piel y no otra. Comienza cantando "amor mío", es lo primero. Me gusta cómo lo pronuncia, la forma de expresar lo que significa hacer el amor con ella, cuando al final declara amarla sin medida.
Con vuestro permiso, recordaré a Diego. Al mío, al nuestro. Diego saltaba de cama en cama sin importarle nada, pero sin engañar. Era claro al respecto. Él no besaba: los besos eran personales y el sexo para él era todo lo contrario. Pero besaba a Carla... amaba a Carla. Echa en falta lo que tenía con ella, lo que le aportaba la relación. Como podréis deducir: simplemente fucsia.
Tengo que dejaros. De nuevo las 2 de las madrugada. El final de la noche es el único momento que tengo para ponerme delante del PC. Espero que vosotras estéis durmiendo.
Besos
PD: Por si no lo hubierais adivinado, hoy vuelvo a tener empacho de azúcar. Los hidratos simples son nefastos para la figura, la dentadura... y el fucsia.
Espero que estéis todas sumidas en el mundo de los sueños. Yo, en vez de dormir, que buena falta me hace, aporreo nuevamente las teclas. En esta ocasión ha sido una canción que he escuchado en el coche el detonante de este nuevo desvarío mío. Iba al volante, intentando encontrar un hueco para aparcar. Con mi pequeño pitufo en la parte trasera y el copiloto, al lado, intentando contenerse, sin ningún éxito, todo hay que decirlo, ante mi pertinaz inexperiencia al volante. Por cierto, no queráis saber como aparco, peor que mal podría ser la definición.
Una vez puestas en situación, os contaré que sonó en la radio "Labios compartidos" de Maná. Con los sentidos centrados en la calzada y en los mandos apenas pude prestar atención a la letra. Sólo a las primeras notas, mientras esperaba que arrancara el coche de delante, que se hallaba detenido, y a la estrofa del estribillo. Y después, mientras hacía la cena, pensé en el título. Los seres humanos somos egoístas por naturaleza. No hace falta sino ver a los niños que todo acaparan. Pero, tal vez, lo más difícil, lo que nadie, o al menos la mayoría, no quisiera, no podría compartir, sería a la persona amada. Como dice una expresión, se me llevarían todos los demonios si me pasara como al protagonista de la canción. Ya veis que lo del intercambio de parejas o el ménage à trois no van conmigo. Soy así de tradicional. Aunque cierto refrán reza "nunca digas de este agua no beberé", no es algo que desee en mi vida. Por más que el amar sea compartir, no compartiría a mi amor.
No es por un tema de "posesión", sino más bien del significado de un beso, de una caricia... de la intimidad juntos. He reconocido multitud de veces ser una romántica incurable. Una locura en los tiempos que corren. Para mí el sexo con un desconocido, por un, seamos llanas, calentón es algo que no contemplo. Siempre he pensado que el amor, el sexo por amor, es... cuestión de piel. De sentir la piel del otro en la propia, mimarla, anhelar su contacto, su calor. No en vano se trata de nuestro mayor órgano y el que nos protege de las agresiones externas.
También he admitido no saber vivir, además de sin abrazos, sin besos. Cuando era muy joven, ya sabéis que de eso hace mil años, veía al resto "enrollarse" con alguien que acababa de conocer cuando salíamos los fines de semana. Jamás me dieron envidia aquellos besos sin nada detrás, sin sentido. ¡Con la de sentimientos que tienen cabida en un beso! Y lo difícil que es la vida sin ellos. Besos de amor... o de cariño. En la boca, en la mejilla, en el cuello... en cada porción de piel.
En fin, parece que la sobredosis de azúcar e hidratos simples que he ingerido hoy están pasando factura. Eso y que, a las dos de la madrugada, no se pueden escribir sino tonterías.
Tengo que dejaros. Creo que por esta noche ya he desvariado bastante.
Besos
PD: Os dejo la canción culpable de estas reflexiones mías.
Añado la letra, sobre la que he destacado algunas partes por cuenta propia.
Labios Compartidos Maná
Amor mío Si estoy debajo del vaivén de tus piernas Si estoy hundido en un vaivén de caderas Esto es el cielo, es mi cielo
Amor fugado Me tomas, me dejas, me exprimes y me tiras a un lado Te vas a otros cielos y regresas como los colibrís Me tienes como un perro a tus pies
Otra vez mi boca insensata Vuelve a caer en tu piel Vuelve a mí tu boca y provoca Vuelvo a caer de tus pechos a tu par de pies
Labios compartidos Labios divididos mi amor Yo no puedo compartir tus labios Y comparto el engaño Ni comparto mis días y el dolor Yo no puedo compartir tus labios Oh amor, oh amor Compartido
Amor mutante Amigos con derecho y sin derecho de tenerte siempre Y siempre tengo que esperar paciente El pedazo que me toca de ti Relámpagos de alcohol Las voces solas lloran en el sol Mi boca en llamas torturada Te desnudas ángel hada luego te vas
Otra vez mi boca insensata Vuelve a caer en tu piel de miel Vuelve a mí tu bocaduele Vuelvo a caer de tus pechos a tu par de pies
Labios compartidos Labios divididos, mi amor Yo no puedo compartir tus labios Que comparto el engaño Y comparto mis días Y el dolor Ya no puedo compartir tus labios Que me parta un rayo Que me entierre el olvido, mi amor Pero no puedo más Compartir tus labios Compartir tus besos Labios compartidos
Te amo con toda mi fe,sin medida Te amo aúnque estés compartida Tus labios tienen el control Te amo con toda mi fe, sin medida Te amo aún que estés compartida Y sigues tú con el control...
¿Cómo estáis? Espero que os vaya todo bien en estos tiempos.
Me temo que esta vez toca, de nuevo, otro de mis desvaríos.
Una entrada de Io en su blog, "La luna en común", me ha hecho pensar: ¿Quienes somos en realidad? ¿Lo que mostramos? ¿Lo que escondemos? ¿Lo que soñamos? ¿Un poco de cada?
Quiero creer, o al menos ese ha sido el intento, que aquella a la que leéis no se trata sino de la que, en esencia, es. Es mi yo quien coge el boli por las mañanas, soy yo quien aporrea las teclas por las noches. Una parte de mí, que tal vez reservo de miradas críticas, la que se libera ante el blanco papel o la azulada pantalla. Sólo oculté mi nombre. Me lancé a la aventura de plasmar fantasía, reflexiones y pensamientos bajo el parapeto de un seudónimo. Por pudor, por vergüenza... Lo hice hasta que sentí confianza para confesar de forma abierta este pequeño vicio mío de "darle al fucsia". Uno de ellos, junto a los que ya conocéis: el chocolate negro con naranja, el bucear por otros blogs.
Mi nick, como se denominaría en la red, aunque yo suelo abogar contra los anglicismos, mi nick, también me proporcionó la sensación de algo escondido, un pequeño secreto mío a compartir con muy pocos. Cuando era mucho más joven, dejémoslo ahí, leí algunos librillos de historias abreviadas en inglés. Una de ellas se titulaba, creo recordar, "a sphinx without a secret": una esfinge sin secreto (admito haber requerido la inestimable ayuda de un diccionario para la transcripción de esfinge en inglés). Contaba, a través del pretendiente en duelo, la historia de una mujer que, una vez por semana, se vestía de negro y cubría su rostro con un velo, para luego dirigirse a una casa, tal vez algún tipo de hostal, donde tomaba un té en una mesa y después regresaba a su casa. Una actividad del todo inocente, pero que, para ella, y vista desde afuera, se tornaba en la ilusión de algo misterioso, un secreto que en verdad no existía.
Jamás fue ese el objeto de mi seudónimo, sin embargo, sí surtió, de forma temporal, el efecto, el cosquilleo, de lo furtivo. Como ya he comentado alguna vez, no hay cordura sin su ápice de locura.