domingo, 9 de agosto de 2009

41. ¡En Francia!

No paraba de darle vueltas. Su hermana se había apresurado en satisfacer su curiosidad sin brindarle la oportunidad de exponerla siquiera. Era obvio que deseaba desviar su atención de aquella hoja. En el intento había logrado justo lo contrario. El mapa, marcado en varios puntos, contaba pues con una insospechada importancia. ¿Desde cuando sus preferencias se decantaban por el norte de Francia en lugar de por su adorada Costa Azul? ¿Podía una población cualquiera atraer a una enamorada del lujo, el sol y la playa? Quizás era cierto que planeaba un viaje, pero dudaba que éste tuviera relación con unas vacaciones. ¿Cúal podría ser el motivo para pretender disfrazarlo? ¿Tal vez el paradero de Carla? Sandra aseguraba desconocerlo, pero era obstinada. Carácter de la familia. Posiblemente habría obtenido algún indicio en la llamada de días atrás, momento que su hermano eligió para iniciarse en el “lanzamiento de móvil”, y no pararía hasta localizarla. Era indudable que sabía algo.

Diego tenía derecho a conocer a su hija. Sandra no tenía excusa para negarle dónde se hallaba la madre. Entendía que su intención era proteger a su amiga. Alguien con quien jamás tuvo mucho trato. Sin embargo, no creía que el bebé fuera lo único que le importara a su hermano. No lo veía volando todos los fines de semana para encontrarse con una mujer por un flirteo pasajero. Tras su regreso a la revista se había encerrado aún más en sí mismo. Rehuía todo contacto humano. De hecho, en las últimas semanas sus ojos desprendían fuego.

Estaba decidida. Hablaría con ella. A la puerta de la sala acristalada, la observó colgar el teléfono con expresión de resolución. Golpeó la puerta con los nudillos. Ella dirigió su mirada hacia afuera con sorpresa, casi sobresalto. Entró sin darle tiempo para reaccionar.
- Caye, ¿algún otro problema con los temas de ayer?
- No. En esta ocasión es otro asunto el que deseo tratar contigo.
- Tú dirás - mientras se rebullía en su sillón con un gesto de incomodidad.
- Nuestra futura sobrina - respondió, resuelta a saltarse los rodeos.
La reacción inmediata a sus palabras fue un respingo.
- Carla no ha vuelto a contactar conmigo...
- Sandra – la interrumpió – soy tu hermana. Te conozco. Me extrañó que ofrecieras el puesto a Diego a sabiendas de lo que ello podría traer consigo. Ahora comprendo porqué: le querías cerca. No te ibas a quedar con los brazos cruzados ante una situación que te atañe por partida doble.
Casi en un suspiro, echándose hacia atrás:
- No.
- Y aseguraría que habrás empleado alguno de tus métodos para descubrir el lugar en el que ella se encuentra.
- ¿Qué te hace pensar eso?
- ¿Qué haría una sibarita como tú en una ciudad perdida del norte francés?
- Touché!
- ¿No crees que Diego tiene derecho a enterarse?
- Derecho sí, que sea o no pertinente, es otra cuestión.
- ¿A qué te refieres?
- El dónde no es lo único que acabo de confirmar. No lo ha pasado bien. Necesita tranquilidad y, en estos momentos, nuestro hermano parece un tigre enjaulado dispuesto a saltar.
- No fue un mero escarceo, ¿verdad?
- No, no lo fue. Sospecho que por esa misma razón no le perdona que haya desaparecido, ocultándole que van a tener un hijo. Me figuro que ahora priman la ira, el rencor, sobre los sentimientos que pudo albergar hacia ella.


Entró al edificio de no muy buen humor. Venía de una presentación. Una a la cual no deseaba acudir, y cuya invitación cedió a su hermana, sugiriéndo que era un evento propio de su cargo, que, a decir verdad, aún no sabía cuál era. Pero Sandra, que siempre mostraba un especial interés en recordarle que mantenía el control mayoritario de las acciones y, por tanto, su asistencia a cualquier encuentro era pues obligada y pertinente, se había excusado. Más bien se había negado en rotundo, alegando tener atrasada la lectura de la variedad de informes y estudios con los que él se encargaba de inundarle el despacho. Para colmo añadió que esperaba que no precisara de una niñera para representar de forma adecuada a la revista. Tentado estaba de dejarles a su libre albedrío, a ver si eran capaces de salir de la situación en la que se habían metido. Dedicarse en exclusiva a sus negocios, sus inversiones...

La Blackberry le indicó la llegada de un nuevo mensaje. Un e-mail de Andrea con los datos que le había solicitado por la mañana. Se había traído a su ayudante personal. Alguien eficiente. No como parte del personal que pululaba por allí. Para muestra su sobrina postiza, que andaba dándole palique a un par de adictas a los cotilleos. Se habían equivocado de editorial. Eran idóneas para una de prensa rosa, no para una que pretendiera seriedad en sus publicaciones. ¿Por qué su hermana no aprovechaba su dinero para enviar a aquella jovencita a alguna universidad del pimpampum de las que tanto abundaban últimamente? Al menos estaría ocupada. De camino al ascensor no pudo sino escuchar parte de la charla:

- Me he tirado horas pegada a la pantalla. He tenido que localizar a cierto jefazo de una universidad.
- ¿Has decidido continuar tus estudios? Tu madre estará contenta.

Su hermana, al fin, había decidido hacer algo sensato. Pulsó el botón de llamada y esperó impaciente mientras la tertulia seguía a sus espaldas, a escasos dos metros de él.

- Teniendo en cuenta que era ella la que estaba como loca por hablar con él...
- Estará haciendo uso de sus contactos para conseguirte un buen trato.
- Si piensa que va a deshacerse de mí mandándome al extranjero, va lista.

Sandra se había cansado de su papel de madre adoptiva. Tenía que llegar.

- Aunque me parece que se trata de un viejo lío de juventud.
- ¡Sandra con un profesor universitario! Pensaba que le iban más los cuerpos de gimnasio.

No podía sino asentir. Las predilecciones de su hermana se dirimían por el aspecto, no por el cerebro, del sujeto en cuestión. ¿Por qué tardaba tanto aquel maldito ascensor? ¿Cuánto tiempo llevaba recorrer cinco plantas? Las cotorras seguían sin inmutarse lo más mínimo.

- A lo mejor el hombre en su época estaba cañón. – Alegó la primera.
- Pues te aseguro que en la actualidad estará calvo, con gafas y una tripa de consideración. - Respondió la segunda.
- ¡Cómo eres! - Le reprochó la otra.
- Sí, sí. Ellos se creen que inmunes al paso del tiempo, pero te aseguro que envejecen más y peor que nosotras.
- ¿Lo dices por ti?
- Oye bonita, yo estoy estupenda. ¡Divina!
- No hay más que verte.

Lo que le faltaba: pelea en el gallinero. Dudaba entre darse la vuelta y llamarlas al orden, o mandarlas directamente al paro, cuando la puerta del ascensor se abrió. Su sobrina, que había permanecido muda ante las últimas apreciaciones, le tomó la delantera e impuso paz:

- ¡Chis! Bajad la voz. ¿Queréis que se enteren todos?

Imaginó hacia quién se dirigieron sus miradas. Dio un paso al frente deseando llegar cuanto antes a su despacho. Hasta él llegaron las últimas palabras de Paula:

- Sea como sea, prefiere que no se sepa...

La puerta se cerró. ¿Desde cuando era Sandra discreta en lo que a hombres se refería? Siempre había hecho alarde de su fortuna... y de sus muchos amantes. Seguramente se trataba de un hombre casado.

Dejó el maletín sobre su escritorio. No se quitaba a las chismosas de la cabeza. No, si el foco era Sandra. Profesor, extranjero, ¿secreto?... No cuadraba. ¿Cómo la llamada del supuesto fontanero? Salió en su busca. La encontró en su despacho, con Cayetana. Por su semblante dedujo que el tema de conversación era importante. ¿Referente a la empresa? ¿O quizá le revelaba lo que a él le estaba vedado? Decidió salir de dudas. Empujó la puerta sin llamar, olvidando toda norma de urbanidad, a tiempo para oír decir a la benjamina:
- ... considero que debe saberlo...
Corroboraba en parte sus sospechas.
- ¿Interrumpo?
Cayetana se giró hacia él. Sandra, seca, sólo le preguntó:
- ¿Qué quieres Diego?
- Sumarme a la reunión familiar. ¿Acaso no soy bienvenido?

Se sentó comodamente en la silla libre, cruzando una pierna sobre la otra, sin que ninguna de las dos dijera nada.
- ¡Vaya! Yo creía haber llegado en plena confidencia... y resulta que se os ha comido la lengua el gato.
Sandra parecía atravesarlo con la vista. Cayetana, en cuya opinión aquella no era la mejor manera de abordar un asunto tan delicado, intentó mediar:
- ¿Te tomas un café conmigo? Sandra y yo ya habíamos acabado.
- Mejor, mucho mejor. Así nuestra hermana mayor y yo podemos continuar cierta conversación pendiente.
- Diego, no es el momento. - Subrayó Cayetana. - Tomemos ese café.
- Es el momento idóneo. ¿No considerarías injusto que compartiera cierta información con otras personas y no con el principal y único interesado?
- Diego... - volvió a repetir ella.
Sandra intervino:
- No te preocupes, Caye. Déjanos.
- ¿Estás segura?
- Sí. Esto debemos resolverlo los dos.
Diego observó como la pequeña abandonaba el despacho. Se quedó frente a la promogénita.
- ¿Y bien? - le interrogó ella.
- Me temo que esa pregunta debería hacerla yo.
A pesar de todo, no parecía dispuesta a soltar prenda. Tendría que insistir.
- ¿Vas a decirme dónde se encuentra?
- ¿Dónde? ¿No te interesa sabér cómo?
- Estoy teniendo mucha paciencia contigo, hermanita. ¿Dónde se ha escondido?
- ¿Escondido? Se ha alejado de ti que, sinceramente, es lo que debería haber hecho desde un principio.
- No pretendo escuchar tus juicios, sólo saber dónde está.
- ¿Para qué quieres saberlo?
- Va a tener una hija mía.
- Hace poco lo dudabas.
En ese punto su hermano perdió parte de su, al menos aparente, calma.
- ¡Es mía! - No podía serlo de nadie más. - Mía... tanto como suya...
- Tú nunca has deseado tener hijos. ¿Por qué te interesa esa niña?
Él lanzó lo que podría considerarse un rugido:
- ¿Qué tipo de desnaturalizado piensas que soy? ¿Me crees de esos que van dejando hijos por el mundo sin importarles nada?

Ni siquiera a día de hoy era capaz de admitir que el bebé no era lo único que quería recuperar. Tal vez necesitara un empujoncito. Se levantó del sillón. Dio la vuelta a la mesa y se sentó en el borde, junto a la silla que instantes atrás había ocupado Cayetana:
- Si te diera a elegir entre ellas y Bulevar, ¿con qué te quedarías?
- ¿Qué intentas? ¿”Venderme” la información?
- Tú solo responde. ¿Carla y tu hija? ¿O la revista?
Los ojos de su hermano habían lanzado una llamarada con solo oír su nombre. Su boca no se abrió. Estaba lidiando una batalla. Sólo sus facciones mostraban la lucha interior. Se aferraba a ese bebé, aún no nacido, para justificarse a sí mismo buscarla con ahínco, anhelar que regresara a su lado. El hombre que se había esmerado toda su vida en no mostrar a los demás que tenía sentimientos, no podía reconocer que los tenía y que estos, además, eran capaces de ganar a sus intereses.
- Sabes que tarde o temprano lo averiguaría. - Fue lo único que obtuvo de él.
- Más tarde que temprano. - Volvió a ocupar su sillón. - ¿Qué harías si te dijera cómo encontrarla?
De nuevo otra mirada como respuesta.
- No se encuentra bien, Diego. - Jean podría haberle dulcificado la situación para tranquilizarla.
- ¿Dónde? - Con un tono de voz muy bajo, que hacía parecer la pregunta una súplica. No una exigencia como las anteriores.
Observó al hombre altivo, a su hermano el orgulloso, cómo, con una involuntaria expresión de dolor y los ojos cerrados, practicamente le rogaba, de la única forma que sabía, que le dijera el paradero de la madre de su hija, de la mujer a la que, a pesar de no reconocerlo, amaba. Cayetana estaba en lo cierto. Diego quería conocer a su hija. Sólo esperaba no arrepentirse.
- En Francia.

¡Francia! Él la buscaba en Italia. Su hermana le había acusado en repetidas ocasiones de no conocerla. Conocía... cada recoveco, cada centímetro de su piel. Sin embargo, apenas nada de su pasado. Salvo su faceta de modelo. Había decidido pues “conocerla” para poder dar con ella. Por algún motivo recordó a Carla moviéndose en Roma como pez en el agua. Su impecable italiano. El recibimiento del anciano dueño de aquel diminuto restaurante. La había llamado “bellissima ragazza”. Era evidente que era cliente desde hacía mucho. El trato fue absolutamente preferente cuando la “ragazza” se rió al revelar ser un año más vieja. Y, sobretodo, aquella sonrisa de bruja al señalar que aún guardaba algún pequeño secreto. Tras indagar, averiguó el misterio: era medio italiana. Hija única, sus padres murieron en un accidente de aviación siendo ella muy pequeña. La crió su abuela, originaria de la Ciudad Eterna y traductora de italiano. No era de asombrar su dominio de la lengua: disponía en casa de la mejor profesora.

Al parecer su antecesora enfermó, a la par que ella empezaba su carrera sobre la pasarela, para perecer poco después. La investigación también había servido para darse cuenta de que Sandra no era en modo alguno la inconsciente que todos habían creído. Fue tras morir la abuela de Carla cuando ella la invitó por primera vez a pasar unos días en la finca de Cantabria. Su hermana, quien parecía no preocuparse por nadie que no fuera ella misma, procuró arroparla ante la pérdida de su única familia. La amistad entre ambas iba más allá de unas meras noches de fiesta, como él había supuesto. Ahora intentaba protegerla de él, de su hermano. La anteponía a su propia sangre y, en cierto modo, dolía...

Después de sus descubrimientos pensó que tal vez poseería alguna vivienda en Italia o conservaría algún allegado. Decidió buscarla allí... erróneamente.

Levantó la vista. Sandra, que había permanecido en silencio, estudiando cada reacción suya, comprendió perfectamente lo que le pedía: más detalles.
- ¿Debo fiarme de ti, Diego? ¿Puedo confiar en que, por una vez en tu vida, harás lo correcto?
Movió la cabeza de forma afirmativa.
- Espero no tener que lamentarlo. - Grave – Lille.

¡Lille! ¿Dónde diablos estaba eso?

miércoles, 6 de mayo de 2009

Gracias a la presión popular...

La SGAE devolverá a la familia del pequeño el dinero. Todo gracias al escándalo, y con razón, que se ha organizado al respecto. Os dejo un enlace a la noticia, que procedo a resumir brevemente:


La SGAE no admite haber obrado mal, en todo momento actuaron con la ley en la mano. Los progenitores deberían haberles informado con antelación para haber organizado todo de forma que no les hubiera reclamado un adelanto sobre lo que estimaban se iba a recaudar. No comunican devolver el dinero, sino hacer un donativo, una aportación voluntaria a la familia, por el importe que en total obtuvieron en concepto de derechos de autor.

Sí, habéis leído bien. Pidieron el dinero por adelantado a la celebración del concierto a unos padres desesperados por conseguir dinero para salvar la vida de su hijo. Para más inri, no devuelven el dinero, sino que hacen un donativo. La diferencia podría tener su origen en motivos fiscales: una donación desgrava al fisco. De este modo preveo que dejarán de abonar una buena cantidad de impuestos a Hacienda.

En cualquier caso, leed y juzgan por vosotras mismas. Yo me alegro de que el pequeño pueda contar con ese dinero para su tratamiento, pero la Sociedad ha demostrado, una vez más, su... iba a decir calaña, pero lo dejaremos en espíritu.

Un beso para todas.

martes, 5 de mayo de 2009

Marcando un precio

¿Cuánto vale la vida de un niño? Yo no podría responder. Para mí la de mi hijo no tiene precio. La vida de un niño, aunque no sea nada nuestro, nos toca especialmente. Sin embargo, para la SGAE, esa organización que casi podría denominarse de espíritu pseudomafioso, por sus tasas, sus cánones y sus impuestos, para ella, la vida de un infante sí lo tiene: el 10% de lo recaudado para salvársela.

Todos los días me despierta la radio con noticias nada halagüeñas: la crisis, el número de parados en alza, el aumento de casos de gripe A, nueva gripe, o quieran denominarla... y, en esta ocasión, ha sido ésta la primera que he escuchado al volver a la consciencia tras el sueño. Un conocido cantante, David Bisbal, ofreció un recital, de forma gratuita, para recaudar fondos para salvarle la vida a un pequeño. No se mencionaba la enfermedad en particular de la cual se encuentra aquejado. La SGAE tuvo a bien reclamar el 10% de lo obtenido en conceptos de derechos de autor. El artista fue altruista, solidario. A la Sociedad no le pareció adecuado sumarse a su actitud.

No es la primera noticia de ese tipo que oigo. Hace un par de años, tal vez tres, que el tiempo pasa volando y uno no se entera, aplicaron otro de sus cánones a un niño con cierto grado de discapacidad, si la memoria no me falla, que utilizaba música en sus actuaciones de magia. Actuaciones infantiles, no olvidemos, de un chiquillo para el cual no sólo serían una distracción, una afición, sino tal vez también una forma de rehabilitación.

Todo ello me hace pensar que para ellos no hay un límite. La duda que me entra es si los autores, esos cuyos derechos insisten defender, reciben algo de lo recaudado, o si la organización paga impuestos al estado. Si alguna de vosotras está más enterada os ruego que me informéis al respecto.

Un saludo.



PD: Espero que todo os vaya muy bien. Lamento tener el blog abandonado, pero temas diversos me han mantenido alejada del teclado. Esto lo he escrito de forma atropellada y a todo correr. Prometo volver pronto con historias, comentarios, música y, quizá, algún variado desvarío. Me acuerdo mucho de vosotras.

Gracias por vuestra compañía.

domingo, 22 de marzo de 2009

Mame

Buenas tardes,

Ya he compartido con vosotras en otra ocasión a la maravillosa Rita interpretando a, la no menos fabulosa, Gilda. Me gusta Gilda, entiendo que fascinara a una generación, incluso aunque la voz del famoso "Put the blame on mame" no fuera la de ella. Ni siquiera en el trozo que os dejo en esta ocasión. Sin streaptease, pero no por ello menos digna de ser vista.

Por Rita, para que, allí donde quiera que esté, se haya librado de la maldición de Gilda.





PUT THE BLAME ON MAME
From the film "Gilda" (1946)
Anita Ellis (Film Soundtrack) - 1946

When Mrs. O'Leary's cow
Kicked the lantern in Chicago town
They say that started the fire
That burned Chicago down
That's the story that went around
But here's the real low-down
Put the blame on Mame, boys
Put the blame on Mame
Mame kissed a buyer from out of town
That kiss burned Chicago down
So you can put the blame on Mame, boys
Put the blame on Mame

Remember the blizzard, back in Manhattan
In eighteen-eighty-six
They say that traffic was tied up
And folks were in a fix
That's the story that went around
But here's the real low-down
Put the blame on Mame, boys
Put the blame on Mame
Mame gave a chump such an ice-cold "No"
For seven days they shovelled snow
So you can put the blame on Mame, boys
Put the blame on Mame


Besos


PD: He reeditado esta entrada en respuesta al comentario de Elvira. Se rumoreó que la voz de esta parte de la canción era la de ella, y al parecer así lo defendió Rita Hayworth en sus últimos días. Sin embargo, creo que eso se desmintió por parte de los estudios. Aquí, como en las otras dos, la dobló Anita Ellis. Se trataba de algo común porque, según he averiguado, también doblaron a Ava Gardner en Show Boat, la cual no he visto, por muchos esfuerzos que hizo Ava en cantar con su propia voz.

En cuanto a la canción, es parte primordial de la película. Es la que tararea Gilda en su primera aparición, cuando levanta la cabeza con la melena al vuelo (os la dejé en "Noche de Reyes", gracias a youtube y los que allí comparten cosas). Sin embargo, para mi decepción, he visto un trozo de película doblada en el que Gilda tararea otra. Un error en mi opinión.

Aquí, con Gilda triste, vulnerable, sin máscara, es otra pieza fundamental. Para rematar con ella de auténtico sex-symbol, según se comenta, borracha, vengándose del hombre que ama y que tanto daño le está haciendo.

Dejo una nueva etiqueta, Gilda, por si queréis visionar las otras partes. El otro tema, Amado mío, no me llama tanto la atención como este, pero supongo que también acabaré dejándolo.

Besos

jueves, 12 de marzo de 2009

De nuevo... una boca

Buenas tardes,

Me hace gracia que Malagueña mencionara anoche a Miguel Bosé, puesto que esta madrugada dejé el esqueleto de la presente en borrador. Se trata de una canción del mencionado cantante que escuché el otro día en una tienda. Es un ejemplo más del conocido "renovarse o morir" y está claro que él, que ha sabido ir evolucionando con el tiempo, se encuentra entre los primeros.

Se trata de la canción "Morena mía". Me llamó la atención porque días antes os había dejado la de "Labios compartidos" y encontré alguna pequeña similitud, tal vez imperceptible para algunos, entre ambas. Miguel empieza cantando "morena mía", dos simples palabras que encierran mucho: es su morena, su amor pero sin llamarla como tal. Equivale al "amor mío" con el que comenzaba Maná. Menos "dulzón", pero con la misma intención y, a mis oídos, con mayor encanto. Eso sí, parece que, a pesar de compartir al ser amado en ambas, en esta prima la fortuna en lugar de la desdicha como en la anterior.

Pero lo que me gusta de esta es el estribillo: su boca, su boca es la que le compensa por todo. Eso y que con ella disfruta, no solo en la cama, sino también de los detalles más insignificantes: nadie como ella le sabe hacer café. En ambas historias ellos se pierden por una boca. Romántico y, conociendo a los hombres, me temo que un tanto irreal. Yo optaré por quedarme con el lado fucsia. No tengo remedio, lo reconozco.

Espero que disfrutéis con la música.

Besos


Morena mía




Morena mía

Morena mía
Voy a contarte hasta diez
Uno es el sol que te alumbra
Dos tus piernas que mandan
Somos tres en tu cama, tres

Morena mía
El cuarto viene después
Cinco tus continentes
Seis las medias faenas de mis medios calientes
Sigo contando ahorita
Bien, bien, bien, bien

Morena mía
Siete son los pecados cometidos
Suman ocho conmigo
Nueve los que te cobro
Mas de diez he sentido

Y por mi parte sobra darte lo que me das
Dámelo bien
Un poco aquí, un poco a quién

Cuando tu boca me toca
Me pone y me provoca
Me muerde y me destroza
Toda siempre es poca
Y muévete bien, que nadie como tú me sabe hacer café

Morena agarra, y me mata
Me mata y me remata
Vamos al infierno
Porque no sea eterno, suave bien, bien
Que nadie como tú me sabe hacer café

Pero cuando tu boca, me toca
Me pone, me provoca
Me muerde y me destroza toda siempre es poca
Y muévete bien, bien, bien
Que nadie como tú me sabe hacer, uh, café
Bien, bien, bien, bien
Bien, bien, bien, bien

Morena mía
Si esto no es felicidad
Que baje dios y lo vea
Y aunque no se lo crea
Esto es gloria

Y por mi parte pongo el arte
lo que me das
dámelo
cuídalo bien
un poco así, un poco a quien.

(Estribillo)

Las "bondades" del marketing

Buenas noches a todas,

Vuelvo a teneros un poco abandonadas, pero mi vida de mujer moderna me tiene consumida, como se suele decir. No tengo tiempo de nada.

El motivo de la presente es contestar a un comentario de Malagueña a mi entrada anterior, la de la canción "Para que no llores así". Respeto que no le guste la canción. Cada cual tenemos gustos propios, es parte de nuestra forma de ser, de nosotros. Pero difiero en que Alejandro Sanz siga en la cresta de la ola por su voz. Creo que ahí entra en juego el maravilloso mundo del marketing. No tengo formación en dicho campo, sin embargo, creo que mi espíritu, ligeramente crítico y curiosón, me permite opinar al respecto. La publicidad nos hace esperar maravillas de algunos productos o, en otros casos, desistir de su compra. Pongo algunos ejemplos personales: me negué a utilizar el champú "orgásmico" por su anuncio un tanto denigrante. O a punto estuve de cambiar mi marca habitual de compresas porque su publicidad me parece una burla. Probé otra marca que me prometía un minuto de investigación contra el cáncer de mamá y si, muy a mi pesar, volví a la de siempre fue por la calidad que me ofrecen. De no haber sido por ello seguiría con la alternativa. En un caso la publicidad me espantó, en la otra me atrajo. Ganas me entran de escribir una cartita o un mail a los directivos de cierta empresa, hombres deduzco, para que reconsideren las ingentes sumas que deben de emplear en algo que no sirve sino para molestar a sus compradoras.

Perdonad mi tendencia a irme por los cerros de Úbeda. Os hablaba del marketing aplicado al mundo de la música. Todos reconocen a Madonna como la reina del pop. Madonna, con sus canciones, sus múltiples cambios de aspecto, sus escándalos, lleva muchos años en lo más alto. Dicen que lo difícil no es la llegada a la cima, si no mantenerse en ella. Madonna no sería hoy quien es si, además de la reina del pop, no fuera la del marketing, la que se reinventa a sí misma cada poco.

Un caso más cercano: Hombres G, grupo famoso en mis años muy mozos. El cantante no cantaba, los músicos no tocaban, pero las ventas de sus discos, en los tiempos sin internet, eran millonarias. ¿Habrían tenido tanta fama de no ser porque el padre y el tío de uno de ellos estaban relacionados con el mundo del cine y la televisión? Sinceramente, no lo creo. El caso es que han vuelto, pero la voz no ha mejorado con los años.

¿Qué tiene todo esto que ver aplicado a Alejandro Sanz? Pienso que la forma de llevar su carrera tiene mucho más que ver con su éxito que sus habilidades como cantante (estoy segura de que en los estudios de grabación se pueden hacer maravillas, sino que se lo cuenten a cierta princesa monagesca por los años 80). ¿Qué habría sido de este hombre, y de otros muchos, sin las quinceañeras? Tiene alguna canción que no me disgusta: Corazón Partío, Alma al aire, la que os dejé, pero sigo pensando que no canta. Como tampoco lo hacía Saritísima y hubo una época en que todos suspiraban por verla. Opino que Alejandro no canta si le comparo con otras voces: George Michael, Freddy Mercury, Soledad (de Presuntos Implicados). Aunque tampoco lo ha hecho nunca Sabina y ni falta que le ha hecho.

En fin, puede que mi opinión se encuentre algo sesgada por no hallarse entre mis cantantes predilectos, pero ahí queda. En cualquier caso, respeto a quien tenga una contraria.

Os dejo, a ver si duermo algo que mañana toca madrugada.

Besos

viernes, 27 de febrero de 2009

Otra canción

Buenas noches,

Os dejo de nuevo una canción, en esta ocasión en las voces de Antonio Carmona y Alejandro Sanz. El primero no me emociona y, en mi modesta opinión, el segundo no canta, no tiene voz para ello, pero, aun así, la canción me gusta.

Dulces sueños.



Para que tú no llores

Se fue con las arenas del mar
Buscando su destino,
Palpito entre las sombras sin más
Y nado en el vacío.

Reina el silencio en este oscuro lugar
Nada es eterno todo llega al final.
Tan solo sé que busqué y que busqué
Lo que este mundo me duele y me da.

Para que tu no llores así
No pierdas la esperanza
Sé que llegará, llegará.
(Bis)

Me muevo con la gente que va
Cargada de recuerdos.
Confío en la persona que da
Su amor sin conocerlo.
Aún queda tiempo para echarnos a andar,
No me preocupa si te encuentro al final,
Tan solo sé que busqué y que busqué
Lo que este mundo me duele y me da.

Para que tu no llores así
No pierdas la esperanza
Se qué llegará, llegará.
(x 4)