viernes, 1 de febrero de 2008

19. La Otra Sirena


Cuando despertó el sábado la encontró vestida y absorta en una guía de la ciudad. Estaba seguro de que la habría ojeado previamente en el avión y tendría unas cuantas propuestas que hacerle. En Roma apenas le hizo falta guía, parecía conocer bien la ciudad.

Carla levantó la vista de su lectura. Al verle despierto le dio los buenos días con una sonrisa un tanto pícara. Diego cayó en la cuenta de un pequeño detalle. En Roma ella había despertado, como siempre, la primera, pero le había esperado para colarse con él en la ducha. Claramente, hoy no era el caso. Sonrió para sí mismo. ¿Una pequeña revancha por su mala contestación de la noche anterior?

Durante el desayuno Carla le sugirió una ruta por el centro. Ella y su manía de ir andando a todos lados. Él acostumbraba a conducir alguno de sus coches, no a mezclarse con el vulgo.
Carla reprobó su cara de contrariedad: "No me dirás que un experto cazador como tú, le teme a un paseo turístico, ¿verdad?"
Ante el nuevo gesto de enojo de Diego, Carla añadió en el mismo tono: "A no ser que prefieras utilizar el medio de transporte típico danés: la bicicleta."
Diego respiró, no era cuestión de empezar a discutir por la mañana. Tocaba caminar.
Partieron de la plaza del ayuntamiento tomando la calle peatonal por excelencia, Stroget, comercial y bulliciosa, algo a lo que no estaba habituado. Atravesaron varias plazas con edificios singulares y llegaron al variopinto Nyhavn, el Puerto Nuevo, que a ella pareció fascinarle.
De camino al símbolo de la ciudad, pasaron delante de los palacios de la familia real y vieron el cambio de guardia que tenía lugar al mediodía. A Diego no le emocionaba el evento y lo demostraba. Carla le reprochó su actitud: "Señor de la Vega, está tan tieso que me inclino a suponer que en realidad es usted un guardia real. Sólo le falta cambiar el color del ‘uniforme’". El uniforme de la guardia era de color azul marino. Carla consideraba el abrigo y los trajes negros de Diego su uniforme particular.
Diego la miró malhumorado. Carla le desafío a su vez con una mirada y una sonrisa traviesas. Estaba claro que le gustaba provocarle.

Cuando llegaron delante de La Sirenita, Carla, con ojos burlones: "Señor de la Vega, ahí tiene usted a ‘su otra sirena’, aunque le advierto que le costará un tanto hincarle el diente." Haciendo alusión a que se trataba de una estatua encaramada a una piedra cercana a la orilla. Diego, con fingido enfado, la acercó a él agarrándola por la cintura. Desde luego no era precisamente la sirena del cuento en la que estaba pensando. Aunque empezaba a plantearse si, en vez de una sirena, no se trataría de una bruja. Carla se rió. Lo había entendido. Basta de ironías.

A Diego, como buen hombre de negocios, no le gustaba dejar nada al azar. Tenía mesa, a la una, en Noma, uno de los restaurantes más conocidos. Ella estaba acostumbrada al horario continental, a él le costaba un poco más.
La tarde fue tranquila. Carla, conociendo la poca, o ninguna, paciencia de Diego, pensó que era mejor no abusar de visitas turísticas por ese día.
A la noche le esperaba una sorpresa. Cenaron en "The Paul", el mejor restaurante del Tivoli, el parque de atracciones de Copenhague. El restaurante cerraba en los meses de invierno, durante los cuales el parque clausuraba. La apertura había tenido lugar el 17 de abril, la semana anterior. Diego habría reservado allí al contar el restaurante con una estrella Michelín, y ser el Tivoli uno de los puntos a no perderse. Las vistas al lago y las miles de bombillas que iluminaban los jardines, hacían del emplazamiento un lugar romántico. Algo inconcebible en Diego. Carla sonrió para sí misma. Seguro que él no tenía ni idea de todo aquello, simplemente se habría dejado llevar por el prestigio del establecimiento.
La cocina de gourmet del chef Paul resultó exquisita y Carla incluso se animó a tomar algo de vino durante la cena.
Acabaron la velada en uno de los cafés con música más famosos de la ciudad. A Carla le resultaba todo de lo más divertido, demasiado perfecto para el estirado señor de la Vega.

Al día siguiente, cuando despertó, ella seguía dormida. Debía estar cansada. Decidió dejarla descansar. Se levantó. Echó un vistazo al montón de ropa esparcida por el suelo. El vestido rojo de Carla destacaba sobre su traje oscuro. Ya en el baño se afeitó y entró en la ducha. Llevaba escasos dos minutos bajo del agua, cuando apareció ella y se metió con él. Definitivamente, era una bruja.

Hicieron alguna otra visita esa mañana y tomaron algo en una de las múltiples terrazas de Nyhavn, la pintoresca y colorida zona del puerto que tanto le había gustado a ella la jornada anterior. Poco después se dirigieron al aeropuerto. El vuelo de Carla salía a primera hora de la tarde. Tenía que llegar pronto para recoger a su hijo. Tras despedirse, Diego se quedó pensativo. El fin de semana le había resultado corto. Lo peor era que el próximo tocaba en Londres.

7 comentarios:

Andie dijo...

Te estarás pregutando: no me ha comentado bastante esta pesada por mail ya? Pues no!! jajaja
Sólo quería decirte que, leído del tirón, me ha gustado muchísimo más que a trocitos. Aunque, como ya te he dicho, eso del proceso de creación tiene un encanto inigualable.
Sabes que te espero aquí, pero sin prisas ni presiones. Cuando llegue el momento, nos ponemos con la próxima. Sacaré mis armas de despelleje! jajaja
Besos!

Malagueña dijo...

Me ha gustado mucho esta entrada y como ya te decían por ahí,te lo curras mucho.
Me ha hecho mucha gracia que Diego la considere una "bruja" en vez de una sirena xD

Había leido que no sabías que era la Wikipedia y la verdad es que es una pena porque es un sitio a tener en cuenta para informarte.Si quieres,te paso el enlace

Como puedes comprobar,ya tengo el blog creado pero me estoy pelenado con el creador/editor de entradas que por ahora me da problemas con la edicion de html ¬¬*

Rosa.s dijo...

Hola Katha, no he tenido tiempo de leer este nuevo relato. El lunes sin falta.
Besos, Rosa.s

Anónimo dijo...

Hola Katha,

Intento seguirte lo más que puedo, y este trozo nuevo es precisoso. has conseguido que sin haber estado en ese lugar, lo haya visto y disfrutado con los protagonistas. Eso dice mucho de tu poder de comunicación.
Me ilusiona que Diego piense en Carla como en una bruja...es precisamente lo que él necesita...alguien que le haga "dudar" de su aplomo, y se dé que no lo tiene todo bajo control.
Creo que eds precisamente lo que más le gusta de ella.
En cuanto a lo de no escribir durante una semana en YSB, me parece bien, aunque, honradamente no creo que nos hagan demasiado caso. Hay otras de nuevas que también escriben.
Hace tiempo que yo no lo hago,pero es que ultimamanente los capítulos ya rozan el surrealismo.
Pero tú no dejes de hacerlo en tu blog.
Hasta pronto. Aislyn.

Malagueña dijo...

Por eso decía que me hacía gracia,lo Diego se lo dice así pero lo hace porque piensa eso,que es una bruja buena y como dice Aislyn,necesita alguien como Carla,que le haga dudar

Besotes!!

Malagueña dijo...

Nuuuuuu

No dejes tu historia,que a mi me gusta mucho,de hecho por eso trago un poquito al de la serie,porque a cada que lo veo,me acuerdo del tuyo xD.

Pero es verdad que ya ha perdido también su gracia,es cansino y no sé a que esperan para que lo pongan en su sitio...lleva demasiado tiempo siendo el triunfador...alguna vez le tocará perder ¿no?

Rosa.s dijo...

Hola Katha:
como siempre me ha gustado mucho, no me canso de tu narrativa es fantastica.Se nota que te has preocupado, has investigado bastante y nos has llevado con tus palabras a esos fantasticos lugares.
Lastima no tener suficiente dinero para hacer como ellos , escapaditas de vez en cuando.
Pero a Diego cada vez le sabe a menos esos días pasados con ella, se le pasan demasiado rapido.

Besos, Rosa.s